domingo, 28 de noviembre de 2010

Semana 3

¿Para qué esconderse? Pensó. Al fin y al cabo el destino ya estaba escrito, o eso decían algunos. Aunque él no lo creía. De hecho, no creía nada más que en su propia fuerza y capacidad. Nada de
deidades, seres mitológicos o angelicales. No obstante, y empujado por alguna extraña causa, se deshizo entre los arbustos y salió a su paso. Quizás fuera eso a lo que llaman valor. Quizás fue el honor. O quizás fue simplemente no poder contener el aliento, sediento de oxígeno debido a las salvajes embestidas de su agitado corazón.

- Pensé que nunca te volvería a ver. Eres mi peor pesadilla. Ni siquiera el más frío metal, la más poderosa de las Magnums, acaba contigo. A veces incluso me pregunto si eres un espectro.

- Hola Odín. Supongo que me tomaré tus palabras en el buen sentido. Aunque, la verdad, no he notado ni un minúsculo deje de cariño en ellas.

- De mi boca sólo pueden salir palabras muertas hacia ti. Acabaste con todo lo que quería, todo lo que apreciaba, todo lo que me daba la vida.

- Algún día comprenderás por qué lo hice. Sé que a tus ojos no soy sino el más tirano de los bellacos, el más cruel de los asesinos. No obstante, incluso el ser más indigno de este mundo tiene sus razones.

- Ojalá algún día todas esas razones se claven en tu corazón. Y espero ser yo quien sostenga la empuñadura.

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