domingo, 9 de enero de 2011

Semana 4

- ¡No seas estúpido!. He llegado a divertirme obervando tu necia obstinación, tu estúpida entereza, esa de la que haces gala al intentar afrontar tu fin con valor. sin embargo, ya me ha cansado de ella... ¿Cuándo comprenderás que no puedes escapar de mi?¿ Cuándo entenderás al fin que el único anhelo que poseo, la fuerza motriz y la energía que hacen posibles mis esfuerzos para acabar contigo no es más que una ciega necesidad de verte muerto?

- Sé que más que tu deber, acabar conmigo se ha convertido para ti en una especie de obsesión, algo así como un cometido trascendental que tanto tu oscura alma como tus negros ojos deben sentir y ver cumplido. Estoy cansado de vivir, sobre todo si es de este modo, huyendo e intentando resguardarme de la oscuridad que me acecha a cada instante. No me importa morir, te lo aseguro. Sin embargo, no pienso hacerlo sin antes haber contemplado tu cadáver yacer inerte en el suelo. Creo que en ese momento sería para mi tan próxima la felicidad que tras experimentarlo yo mismo me metería una bala en la cabeza, con tal de no enturbiarlo con otro posterior menos placentero... Supongo que no te valdrá esa solución, ¿verdad?...

- (Una mueca cruel se dibujó en su cara. Estaba intentando sonreir...). Sabes que no... Además, ¿para qué voy a renunciar al placer de poder darte muerte yo mismo, más aún cuando me dispongo a hacerlo tan inminentemente?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Semana 3

¿Para qué esconderse? Pensó. Al fin y al cabo el destino ya estaba escrito, o eso decían algunos. Aunque él no lo creía. De hecho, no creía nada más que en su propia fuerza y capacidad. Nada de
deidades, seres mitológicos o angelicales. No obstante, y empujado por alguna extraña causa, se deshizo entre los arbustos y salió a su paso. Quizás fuera eso a lo que llaman valor. Quizás fue el honor. O quizás fue simplemente no poder contener el aliento, sediento de oxígeno debido a las salvajes embestidas de su agitado corazón.

- Pensé que nunca te volvería a ver. Eres mi peor pesadilla. Ni siquiera el más frío metal, la más poderosa de las Magnums, acaba contigo. A veces incluso me pregunto si eres un espectro.

- Hola Odín. Supongo que me tomaré tus palabras en el buen sentido. Aunque, la verdad, no he notado ni un minúsculo deje de cariño en ellas.

- De mi boca sólo pueden salir palabras muertas hacia ti. Acabaste con todo lo que quería, todo lo que apreciaba, todo lo que me daba la vida.

- Algún día comprenderás por qué lo hice. Sé que a tus ojos no soy sino el más tirano de los bellacos, el más cruel de los asesinos. No obstante, incluso el ser más indigno de este mundo tiene sus razones.

- Ojalá algún día todas esas razones se claven en tu corazón. Y espero ser yo quien sostenga la empuñadura.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Semana 2

Pese a estar aturdido y casi sin fuerzas, sabía que aquella estruendosa voz no era sino la antesala de un fatal destino. Los furiosos y desgarradores gritos resonaban en el bosque, ya de por si siniestro y ruidoso aquella noche, creando lo que parecía una sinfonía que más que henchir corazones, encogía hasta el espíritu.

Era tal el pavor que le inundaba, que ni a respirar se atrevía, pues no quería delatar su posición. Sin embargo, su corazón no debía tener la misma opinión pues sonaba como un tambor que, acompasado, marcaba el ritmo en lo que temía sería el ocaso de su vida y el preludio de su muerte.

martes, 2 de noviembre de 2010

Semana 1

Se había desmayado. Lo último que recordaba era haber recibido ese tremendo golpe en la mandíbula, tan fuerte que había notado crujir todos los pequeños huesos que ni siquiera sabía que existían. Ahora ese dolor había desaparecido, se había ido. Sin embargo, su inquietud se había trasladado ahora a su barriga. No sabía si su angustia era hambre, dolor por algún golpe recibido durante su desmayo o una simple cuestión de imaginación. El caso es que le dolía bastante.

A pesar de todo, se levantó. En lo que pareció un esfuerzo titánico, hercúleo, pavoroso; se agarró a la rama de un árbol y, ayudándose de sus brazos, consiguió ponerse en pie. Al principio todo fue inestabilidad pero, poco a poco, consiguió ganar confianza y armonía en sus andares, conforme el aire fresco iba penetrando en sus pulmones con cada inspiración. Se sentía mejor y mejor por momentos pero, de repente, escuchó una lejana voz. Una voz que le atemorizó, casi le desgarró el alma.